• Cali…
El paisaje de Pasto a Cali es espectacular, vas como surfando las olas del valle que contiene al lugar, donde, crudamente, llegas a la estación de omnibus.
Ya en la estación están los taxis “seguros” que te hacen sentir la inseguridad del lugar, que te envían con tarifa prepaga a tu destino, incierto por cierto.
Por escuchar y des-escuchar llegamos a un hotel en La Olla, en el centro de la ciudad, un centro extraño, una zona con vida nocturna pero muerta, sensaciones muy contradictorias.
Al día siguiente recorrimos la poca información que habíamos conseguido, igual era difícil llegar a los destinos marcados, el miedo reinaba en el aire, era algo que se respiraba.
Elsigu, siempre mas prudente que yo marcaba el paso…
Querer sentarte en un parque, caminar hacia el norte bordeando el estrecho río, andar por donde queríamos era difícil, las mismas personas del lugar te lo prohibían, parando su auto, bajándose y diciéndonos lo peligroso que era caminar por ahí, imposible hacerles caso omiso, volvían y te insistían con lo mismo.
Nos sentíamos en un gueto.
La plaza central tenía carteles de los diputados que la FARC se habían llevado hace tiempo, ellos exigían la devolución de los cadáveres, una guerra que no se entiende, con intereses, seguro que no les son propios.
• El museo y el regalo…
Intentando llegar al museo de la Merced, que fue el primer convento de los frailes misioneros, donde aprendimos que en menor grado si existen zonas arqueológicas en el lugar, quizás culturas no tan desarrolladas como los Incas, pero existen 7 zonas, los Tumaco (ubicados en el litoral pacifico, relacionados con grupos mesoamericanos), los Nariño (zona andina, con influencia Inca), Calima, Quimbaya (sobre el eje cafetero), sacerdotes o chamanes, Tolima, Olmecas.
El museo alberga muchos elementos de los antiguos habitantes y piezas arqueológicas de la ciudad perdida de Cogui. Y una muestra de hipogeos.
Nota: Hipogeos: tumbas bajo tierra.
Saliendo y caminando por callecitas mas cálidas, hasta pintorescas, encontramos un centro comunitario donde gratuitamente se dictan clases de muchas actividades y a diferentes personas también con necesidades especiales, como ciegos, etc., para nuestra sorpresa, fue la primera obra en vivo que vimos de Rogelio Salmona (arquitecto colombiano, infelizmente fallecido en 2007).
La emoción y el placer, nos apoderó y cuan turistas orientales (sin ofender culturas tan magnas) empezamos a registrar todo y a seguir llenando el disco rígido de nuestro computador portátil (llámese cerebro)
• El lunes…
Era sin duda la contraposición del Cali que vimos cuando llegamos, gente, vida, vendedores ambulantes con lo que quisieras o necesités, alboroto en las calles…el sol iluminaba con un resplandor brillante, y la ciudad se hacia blanca, pura, por un tiempo olvidabas la suerte que corrían las personas allí.
Cuando nos íbamos a Bogotá alguien nos dijo que estábamos en una de las ciudades más inseguras de Colombia.
Yo no lo sentí tan así…mejor, no?
• Catedral de sal de Zipaquirá
Un corto viaje nos llevó a una antigua mina donde los mismos obreros comenzaron a tallar esculturas y por devoción, cuando entró en desuso, se tornó en una catedral de sal, un espacio muy extraño, la sal, las luces tenues, bajar muchos metros, el sulfuro…
Espacios pequeños que te llevaban a áreas imponentes, altares, centro de convenciones, luces escénicas y claro el cafecito de mil dólares, así y todo es interesante.
• Bogotá…
Llegar a la capital de Colombia fue literalmente eso…”la capital” y se nota. Aparece la urbanidad, los hostels, los turistas (esa plaga que cuando no los ves los necesitás), todo vuelve a ser caro, pero que bien! Me encanta!
Aparece el metrobús (igual a la metrobus de Guayaquil, sistema de transporte inspirado en Curitiba, Brasil, véase), las calles urbanizadas, las grandes avenidas, las grandes construcciones, los monumentos históricos, su corredor sustentable: el Bvd. del agua. mucha cultura, mucho para ver.
Caminar bajo un solsito primaveral, ver el museo de Botero, acervo de cuadros de Dalí, esculturas de quien quieras, la majestuosa biblioteca de nuestro querido Rogelio (Salmona, arquitecto colombiano, infelizmente fallecido en 2007)
Recorrer la ciudad es siempre encontrarte con arte, espacios para vivirlos y claro tomarte el clásico “cafecito colombiano”…
Todo, absolutamente todo te lleva a decir, si, que bueno estar en Bogotá, necesitaba respirar ciudad y estos buenos aires.
Nota: pocas veces en la vida podemos decir que somos plenamente felices, hace unos años yo creía que la felicidad era un estado de ánimo permanente, después me contaminé y no lo pude lograr más, porque en la vida tomamos elecciones, pero estando mi hermana de visita en la casa de mis papás, mi casa, sentía que ellos estaban cuidados del cariño de ella, yo con el estomago lleno de tanta felicidad que me provocaba este viaje, podía decir que mi dicha era completa.
• La Universidad…
Dimos nuestra charla en la universidad de los Andes, nos enteramos de las muchas búsquedas que existen en el ámbito social, las respuestas aparecen, las personas quieren hacer…nos llevamos mucho.
La recepción fue buena, pero ellos ya sabían de que estábamos hablando.
Nota: como los hijos del presidente de Colombia también van ahí, existía mucha seguridad, mucha revisión de armas, mucho control, eso no fue bueno…pero hay que entender los países y sus códigos.
• La suerte…
Poder conocer las torres del parque de Rogelio Salmona, por dentro fue un pequeño regalito que nos hizo un profesor de la universidad de los Andes que vivía ahí.
Esas torres fueron construidas en un sector que con el tiempo se degradó, actualmente la idea es revalorizar el centro de la ciudad que no solo sea para lo que es instituciones públicas, arte, exposiciones etc., sino también para vivienda. Emplazadas frente a la plaza de toros, con mucho parque que las atraviesa, escalinatas, ráfagas gordas de verde, aire…nos despedimos y caminando por urbanizadas y llenas de vida avenidas llegamos a una plazita muy pintoresca donde el modo parecía ser que el que quería relataba cuentos y poesías, ya la noche caía…la luz de la iglesia de fondo…
• La despedida…
Tomamos una cervecita para brindar y despedirnos de la ciudad, esa linda ciudad, al son de alguna otra música argentina que tocaba de fondo, en ese barcito en frente de aquella plaza, tipo ágora griega y esos relatos…fábulas que se sucedían una tras otra.
Cada poeta después pasaba recolectando el salario de ese día entre los actores sociales que componíamos su público.
Nosotros en el barcito sobre la ventana, el anciano poeta del lado de afuera:
Anciano poeta:…” pueden colaborar con mi salario de hoy?...”
Nosotros: …“no tenemos señor sabe, disculpe…”
Satisfechos nos levantamos de nuestra mesa y vamos para el hostel, claro, parando a comer alguna comidilla típica en otro barcito de camino.
Para eso si teníamos dinero…
En la puerta aparece aquel poeta que hace algunos minutas atrás no colaboramos con una moneda. Claro, ahora como no le íbamos a dar! Era nuestra oportunidad de reivindicarnos!
El anciano poeta, solo venia a comprar su escasa cena, muy viajado por el mundo, y por esas mierdas del destino condenado hoy a actuar en público y pedir limosna, nos regaló dos hermosas poesías, una tenía que ver con la amistad y la otra sobre amor.
Él era tan buen poeta, y nosotros estábamos tan sensibles que las lágrimas no nos paraban de salir ni a mi, ni al elsigu..
Lo abrazamos fuerte, sabiendo que no lo íbamos a ver nunca más y nos quedamos secándonos las lágrimas.
Ya un poquito recompuestos, le preguntamos al mesero, como se llama ese anciano poeta que acabó de estar aquí en el bar y que acabó de salir? A lo que el mesero nos respondió:.. “aquí? Aquí no había nadie…”
Nos miramos y supimos que fue un regalo del destino.
Lindas fabulas reales que la vida te da.
Ya teníamos que irnos….para otro país.
Nota 01: Bogotá está tan bien, porque según lo que entendimos, existió un gobernador de la ciudad que el le enseño a la población cultura, arte, espectáculos al alcance de todos, la sinfónica en el parque, los mejores artistas gratis, la propia población se fue culturizando en el sentido del aprendizaje de dialogar con la ciudad y entender que es de todos. Hoy por hoy es lo que es.
Nota 02: no fuimos ni para Medellín ni Cartagena de Indias por el relato que sigue a continuación...
Algunas palabras más…
“…Indescifrable y cubierta de desaparecidos, Cali, no te dice quien es en verdad. Te acepta, pero bajo sus propias reglas. No podes descubrirla fácilmente, ella te muestra permanentemente su lado hostil.
Bogotá, es todo lo contrario. Te besa en el momento en que llegas. Se muestra hermosa y seductora. Te invita a quedarte y conocerla profundamente. Te recita poesías, y te hace llorar de emoción…”
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